Lluvia extrema en Rio Grande do Sul en 2024, provocada por la superposición de eventos climáticos, incluyendo El Niño Renan Mattos/REUTERS vía DW Un nuevo episodio de El Niño ya da señales en el Pacífico y puede traer más lluvias al Sur y sequía al Norte y Nordeste. Aún hay dudas sobre la intensidad del fenómeno, en medio de la falta de preparación y adaptación en el país.
Desde lo alto, satélites y radares acompañan la masa de agua más caliente que se desplaza por el Océano Pacífico en dirección a la costa de América del Sur. Este monitoreo, reforzado por boyas en el mar, indica un patrón ya conocido por los investigadores: un nuevo El Niño está en formación. La principal incertidumbre ahora es sobre su intensidad. "El término 'super El Niño' no es exactamente adecuado", afirma Tércio Ambrizzi, profesor de ciencias atmosféricas en la Universidad de São Paulo (USP).
"La tendencia es que sea de moderado a fuerte", comenta sobre un cierto consenso en la comunidad científica. El fenómeno suele identificarse cuando la temperatura de la superficie del Océano Pacífico, en la región ecuatorial, se sitúa unos 0,5 °C por encima de lo normal durante un periodo prolongado, generalmente de al menos tres meses. Desde febrero, las mediciones apuntan a esta elevación en la región. Ahora en g1 Los científicos aún esperan la confirmación de dónde ocurrirá el mayor calentamiento en el océano.
Este factor será decisivo para definir cómo se sentirán los impactos en Brasil. "Comparando con otros del pasado, es posible que las primeras señales de este El Niño deban aparecer en el Sur de Brasil durante la primavera, con más lluvias", afirma José Marengo, coordinador general de Investigación y Desarrollo del Centro Nacional de Monitoreo y Alerta de Desastres Naturales (Cemaden). Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), hay un 90% de probabilidad de que El Niño ocurra nuevamente este año. Puede tener una intensidad fuerte, lo que tiende a agravar tanto las sequías como las lluvias intensas, además de aumentar el riesgo de olas de calor en tierra y en el océano. "Las condiciones de El Niño echarán más leña al fuego de un mundo que se está calentando y su impacto será aún más severo, llegará más lejos y cruzará fronteras con una velocidad devastadora", alertó el organismo científico de las Naciones Unidas el pasado martes (02). Entre finales de abril y mediados de mayo, la temperatura de la superficie del mar en el área del Pacífico utilizada como referencia ya se acercaba a los niveles típicos de El Niño.
Este escenario se veía reforzado por temperaturas bajo la superficie más de 6 ºC por encima de la media. Nunca es igual al otro El posible surgimiento de un El Niño de fuerte intensidad ha movido debates en el país. En el Congreso Nacional, sesiones discuten si sus impactos pueden perjudicar a la población, la economía y el agronegocio. La próxima cosecha de granos, por ejemplo, está estimada en 356 millones de toneladas, lo que representa un aumento del 1,2% en relación con la cosecha anterior. A DW, la Defensa Civil de la Unión, vinculada al Ministerio de Desarrollo Regional, informó que acompaña diariamente las condiciones climáticas en articulación con estados, municipios e instituciones como el Cemaden y el Instituto Nacional de Meteorología (Inmet). Condiciones generadas por El Niño pueden facilitar los incendios e impactar producciones agrícolas Michael Dantas/AFP vía DW "Aún no hay un pronóstico preciso sobre los impactos del fenómeno.
Por eso, la actuación está enfocada en el monitoreo constante y en la preparación anticipada para que, en caso de que haya previsión de situaciones más críticas, las alertas y medidas necesarias sean adoptadas en tiempo oportuno", respondió el organismo, a través de una nota. Si el fenómeno se confirma, se espera un agravamiento de la sequía durante el invierno y el inicio del verano en algunas regiones, como el Norte —especialmente en la Amazonía— y parte del Nordeste. Estas condiciones pueden favorecer incendios y afectar la producción agrícola.
En el Sur, hay previsión de aumento de las lluvias. "Cada El Niño tiene su propia huella digital. Nunca es igual al otro", afirma Ambrizzi.
El episodio más reciente de El Niño ocurrió entre 2023 y 2024 y fue uno de los cinco más intensos registrados, lo que influyó en la ocurrencia de temperaturas globales récord. Las periferias de Porto Alegre fueron fuertemente golpeadas por los eventos de 2024 Gustavo Basso/DW Aún está reciente la memoria de la destrucción causada por las lluvias extremas en Rio Grande do Sul, en 2024. En aquel año, una combinación de eventos climáticos, incluyendo un El Niño intenso, provocó la peor inundación de la historia del estado. "Los gobiernos y autoridades en general parecen más preocupados.
Pero solo eso no es suficiente. Incluso si el El Niño no es intenso, la atmósfera ya está más caliente, ya existe el calentamiento global, lo que ya debería estar provocando cambios de forma más sistemática", puntualiza Marengo. Ausencia o poca preparación En las comunidades más vulnerables, existe la percepción de que faltaron inversiones públicas para la adaptación y el enfrentamiento de lluvias o sequías extremas intensificadas por El Niño. "Las periferias de las ciudades ya sufren con impactos acumulados por varios desastres. No tenemos casi nada listo para adaptar nuestras comunidades a este escenario", afirma Thaynah Gutierrez, secretaria ejecutiva de la Red por la Adaptación Antirracista, citando las periferias de Porto Alegre, fuertemente golpeadas por los eventos de 2024. Para especialistas en gestión de riesgos, la preparación para eventos climáticos extremos no debería depender de la confirmación de un fenómeno específico. Debería formar parte de una agenda continua de planificación. Aunque ha habido avances en la concienciación en organismos públicos, en el sector privado y en la sociedad civil, el debate aún suele concentrarse en qué es lo que va a pasar exactamente: si habrá sequía, lluvias intensas o inundaciones. El foco, sin embargo, debería estar en la construcción de una capacidad permanente de adaptación. "Más que reaccionar a cada nueva alerta, independientemente de la ocurrencia de un evento específico, los territorios deben estar preparados. El foco necesita estar en la resiliencia de las ciudades, de la infraestructura y de los sistemas productivos", sugiere Victor Marchezini, sociólogo en el Cemaden y coordinador del Proyecto Capacidades Organizacionales de Preparación para Eventos Extremos apoyado por la Fundación de Amparo a la Investigación del Estado de São Paulo (Fapesp). Alarmismo peligroso Otro desafío está en la comunicación de riesgo. Con la multiplicación de análisis meteorológicos en las redes sociales —muchas veces producidas por consultorías privadas e influencers con diferentes intereses— la población queda expuesta a informaciones contradictorias. "Este exceso de mensajes puede generar dudas sobre qué previsiones son más fiables y qué medidas concretas deben ser adoptadas", critica el sociólogo. Formada en administración pública, Gutierrez acompaña el alarmismo generado por las previsiones, pero afirma que la mayoría de la población no accede a este tipo de contenido —excepto a través de videos que se viralizan en internet.
"En general, faltan a los gobiernos e instituciones un conocimiento situado de cuáles son los territorios más vulnerables. Nosotros queremos hablar sobre esto de forma responsable y exigir a los gobiernos que prioricen estos territorios en la preparación", argumenta. La responsabilidad de exigir inversiones y rendir cuentas necesita formar parte de todas las esferas de gobierno, así como la planificación, complementa Marchezini. "Esto permitiría, por ejemplo, la realización anticipada de licitaciones y contratos para respuesta a desastres, reduciendo la necesidad de medidas de emergencia y de gastos extraordinarios cuando las crisis ya estén en curso", comenta. Ante las previsiones, Santa Catarina, por ejemplo, decretó estado de alerta climático, válido hasta noviembre.
Al mismo tiempo, el gobierno estatal prácticamente paralizó las inversiones en prevención de desastres, según datos del Sistema Integrado de Planificación y Gestión Fiscal (Sigef-SC), divulgados por la Asamblea Legislativa del estado. En 2025, solo el 15,4% de los recursos previstos en el presupuesto de la Secretaría de Protección y Defensa Civil fueron ejecutados. El volumen destinado a la construcción, ampliación y reforma de presas fue aún menor: solo el 0,66% del total fue comprometido. "Vale recordar que estamos en año de elecciones. No podemos continuar eligiendo a estos políticos que van a usar los recursos que deberían ir para la preparación y adaptación a los eventos extremos para desvíos", comenta Gutierrez.







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