Un nuevo estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de California ha establecido un criterio fundamental para la búsqueda de vida fuera de la Tierra: el tamaño de los planetas rocosos. Según la investigación, los cuerpos celestes más pequeños que Marte podrían no ser capaces de mantener una atmósfera estable durante el tiempo suficiente para permitir el surgimiento de vida.
Publicados en The Planetary Science Journal, los resultados utilizan el modelo computacional Smaller than Earth Habitability Model (STEHM) para simular la evolución de los planetas rocosos. El modelo analiza cómo el equilibrio entre la pérdida de gases y la reposición geológica determina la habitabilidad de un mundo a lo largo de miles de millones de años.
Las simulaciones indican que, en condiciones similares a las de la Tierra, un planeta necesita tener al menos el 80% del radio terrestre para conservar su atmósfera durante periodos prolongados. En escenarios más favorables, como aquellos con una mayor concentración de elementos radiactivos o carbono en el interior, este límite puede caer hasta el 60% del radio de nuestro planeta.
La dificultad de los planetas más pequeños radica en su gravedad reducida, que facilita la pérdida de gases hacia el espacio, sumada a la rápida disminución de la actividad geológica. Sin el vulcanismo para reponer los gases atmosféricos, el planeta se vuelve vulnerable a la radiación espacial y pierde la capacidad de mantener temperaturas adecuadas y agua líquida en la superficie.
El descubrimiento ofrece un nuevo filtro para los astrónomos. Actualmente, la búsqueda de vida se centra principalmente en exoplanetas situados en la zona habitable de sus estrellas, pero el estudio sugiere que el tamaño del planeta debe ser un criterio de selección prioritario para identificar objetivos prometedores.
A pesar de las conclusiones, los científicos recalcan que los planetas pequeños no deben ser descartados de inmediato, ya que pueden adquirir nuevas atmósferas a través de impactos de asteroides. El próximo paso del equipo es adaptar el modelo para estudiar mundos que orbitan estrellas enanas rojas y planetas con rotación sincrónica.







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