¿Por qué los jóvenes renuncian más? Vea cómo piensa cada generación La idea de que los más jóvenes no se preocupan por los vínculos formales empieza a quedar atrás. La generación Z (nacidos entre 1997 y 2012), vista a menudo como más desapegada, es hoy la que más rechaza los trabajos sin contrato en Brasil. Según el Estudio de Tendencias Laborales 2026, realizado por WeWork en colaboración con Offerwise, el 65% de los jóvenes dice no aceptar empleos sin contrato formal ni beneficios.
El índice es el más alto entre todos los grupos de edad. El estudio encuestó a 2.500 profesionales.
Entre los mayores, como en el grupo de 62 a 80 años, el 63% afirma que no rechazaría una oportunidad en esas condiciones. Los números muestran una diferencia generacional: mientras los más jóvenes exigen mayor formalización, los profesionales de mayor edad tienden a aceptar más este tipo de propuestas. El dato llama la atención porque va a contracorriente de un comportamiento ya asociado a la generación Z. 🔎 Los más jóvenes cambian más de empleo, prueban caminos y evitan carreras largas en un solo lugar, como mostró g1 en un reportaje publicado en agosto del año pasado.
Aun así, no renuncian a las garantías básicas. Las diferencias entre generaciones ayudan a explicar el movimiento Para entender este contraste, es necesario observar cómo cada generación se relaciona con el trabajo. Los baby boomers (1946 y 1964) crecieron en un período en el que la estabilidad era la regla. La idea era construir una trayectoria larga, a menudo en una sola empresa, con la expectativa de seguridad en el futuro. La generación X (1965 – 1980) mantuvo esa base, pero con mayor apertura a los cambios a lo largo del tiempo.
El equilibrio entre estabilidad y crecimiento comenzó a ganar espacio. Entre los millennials (1981 – 1996), el trabajo pasó a necesitar más sentido. El propósito, el ambiente y el desarrollo se convirtieron en factores importantes para permanecer en una empresa. Por su parte, la generación Z llevó esta transformación más allá.
El aprendizaje constante, la identificación con el trabajo y la posibilidad de un cambio rápido se convirtieron en parte de la lógica profesional. Al mismo tiempo, crecieron en un escenario más inestable, lo que ayuda a explicar la búsqueda de seguridad en aspectos esenciales, como la formalización. Estas diferencias se vuelven aún más evidentes en un momento en que cuatro generaciones han pasado a convivir en el mismo mercado laboral.
Esta diversidad de perfiles se ha convertido en un desafío para las empresas, que ahora deben lidiar con diferentes expectativas sobre lo que significa construir una buena carrera. Para el sociólogo Ricardo Nunes, este comportamiento no es contradictorio. “Las nuevas generaciones aprenden desde temprano que deben adaptarse y buscar sus propios caminos”, afirma.
En este contexto, tener un contrato formal deja de ser un mero detalle y pasa a ser una forma de protección. La flexibilidad sigue siendo un deseo Además del corte generacional, el estudio muestra un desfase entre lo que los brasileños quieren y lo que encuentran en el mercado. Seis de cada 10 prefieren trabajar de forma híbrida o remota.
Pero, en la práctica, solo cuatro de cada 10 se encuentran en este modelo actualmente. También según el estudio, el regreso a la oficina no se descarta, pero viene acompañado de condiciones. Alrededor del 82% aceptaría volver a la modalidad presencial si recibiera un salario mayor. A pesar de los cambios en curso, la mayoría evalúa de forma positiva la reanudación de las actividades presenciales.
Según la encuesta, el 72% considera que el regreso a la oficina fue organizado y estructurado. Al mismo tiempo, el equilibrio entre la vida personal y el trabajo sigue siendo una prioridad. Para el 64%, valdría la pena ganar menos para preservar dicha relación. Este escenario refuerza el reto de las empresas: encontrar un equilibrio entre las diferentes expectativas.
Mientras algunos profesionales buscan seguridad y estabilidad, otros presionan por modelos más flexibles y por una relación menos tradicional con el trabajo. La conclusión del estudio es que el futuro del mercado laboral brasileño será el resultado de esta convivencia entre generaciones. En lugar de la sustitución de un modelo por otro, el movimiento actual indica una reorganización de las relaciones profesionales, con empresas y trabajadores ajustando nuevas formas de trabajar. Cada generación carga con valores moldeados por su tiempo, por el contexto económico y por las transformaciones sociales g1.






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